Deconstrucción en proceso

          Resulta que no hay nada más empoderador que el feminismo, como hemos lo hemos explicado en artículos anteriores donde conversamos sobre el verdadero concepto de empoderamiento femenino, que  se desarrolla como una estrategia del feminismo para lograr que exista una mayor representación de las mujeres en posiciones de poder y en procesos de toma de decisiones.

Una vez que le pierdes el miedo a la palabra feminismo y comienzas a indagar sobre lo que es en realidad, es muy difícil no sentirte identificada o no hacerte feminista (aunque no te hagas activista). Porque al descubrir que el feminismo no consiste en un montón de mujeres locas y resentidas que odian a los hombres como nos han hecho creer, sino que es un movimiento político con más de 300 años de historia, donde convergen muchas corrientes de pensamiento y que en términos generales lo que busca es la igualdad de género en todos los ámbitos de la vida, es muy difícil seguir rechazando algo tan elemental para el desarrollo sostenible de la humanidad. 

          Comenzar a navegar en las aguas del feminismo no es fácil, en principio porque se rompe aquella burbuja que te mantenía en la ilusión de que ya  al menos en occidente habíamos alcanzado la igualdad hace mucho tiempo y que las cosas estaban bien. Te das cuenta de que la opresión se sigue manifestando aun en cosas que antes te parecían tan inocentes como las películas, los libros, las canciones y los comerciales.

           Sin querer también comienzas a evaluar las conductas de quienes te rodean y comienzas a ver el machismo allí donde antes no lo veías y donde todos los que están a tu alrededor tampoco lo ven, pero esto es solo el principio. La parte más dura de todas, es cuando te descubres a ti misma como cómplice y replicadora de todas estas conductas machistas que nos siguen haciendo tanto daño como sociedad, porque si, aunque en menor medida, el machismo también oprime a los hombres.

          El choque de encontrarnos a nosotras mismas replicando ciertas conductas y creencias dañinas y limitantes que hasta hace poco defendíamos ciegamente, es bastante duro, pero  también muy necesario,  porque a partir de ese momento inicia ese proceso que las feministas llamamos deconstrucción,  ya que comienzas a  evaluar y desechar conductas y creencias y a reconstruirte con nuevas ideas y nuevos valores, pero no es un proceso lineal y mucho menos corto, la deconstrucción es un proceso que puede durar toda tu vida.

          Si ya estás en este proceso es muy importante ser generosa y empática contigo misma, pues a veces somos implacables auto juzgándonos, sin entender que todas somos hijas del patriarcado y por consecuencia hemos sido criadas en un contexto sumamente machista y es natural que tengamos creencias y comportamientos derivados de ello. Lo más importante es darnos cuenta de estas conductas e intentar ir corrigiéndolas poco a poco, a nuestro propio ritmo.

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