El verdadero amor

            Ya estamos en febrero, un  mes entero para celebrar el amor; ese sentimiento maravilloso que sin duda alguna nos nutre el alma y trae muchas alegrías a nuestras vidas.

            Lamentablemente hemos ido construyendo  un concepto muy burdo  del amor como sociedad, al punto de transformarlo en algo muy peligroso y limitante, sobre todo para nosotras las mujeres, a quienes  desde niñas  se nos ha enseñado que el verdadero amor todo lo perdona y que requiere  entregarse en cuerpo y alma, renunciando muchas veces a nuestros sueños y a nuestra libertad.

            Se han cansado de bombardearnos desde diferentes frentes,  películas, religiones, publicidades, libros, canciones, obras de teatro, etc.,  con versiones de este tipo de “amor romántico” lleno de obstáculos, sufrimiento y celos. Que siempre culmina con la absoluta felicidad de no estar solas. (Como si estar solas fuese la peor de las tragedias)

            Pero la verdad es que un amor donde se tiende a romantizar los celos, se  normaliza el sacrificio,  se idealiza  la sumisión y se banaliza el perdón, no puede hacernos bien, al contrario, es sumamente peligroso porque detrás de este tipo de amor esconden diferentes tipos de violencias.

            Como lo dijo alguna vez Simone de Beauvior, “el día que una mujer pueda no amar con su debilidad sino con su fuerza, no escapar de sí misma sino encontrarse, no humillarse sino afirmarse, ese día el amor será para ella, como para el hombre, fuente de vida y no un peligro mortal.” 

            El verdadero amor no debería limitarte, hacerte sentir encadenada o llena de culpas, el verdadero amor en vez de tratarse de entrega, necesidad y renuncia debería de tratarse de respeto, apoyo, libertad, igualdad y compañerismo.

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